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El reencuentro de la familia en Babilonia, tras el nacimiento de Jesús y Tomás, los llenó a todos de felicidad. Eloy estaba satisfecho por haber podido contribuir a salvar la vida de Jesús, que había estado a punto de terminar, a manos de Herodes, poco después de su nacimiento. Tras llevarlos a Babilonia, se despidió de Melchor, que era el único que sabía que la nave estaba tripulada, y al que Eloy prefería llamar Moisés porque fue a Moisés al que él conoció y del que se hizo amigo.
- Moisés, querido amigo, Abraham y algunos de sus descendientes también fueron amigos míos, pero cuando me despedía de ellos para dar un gran salto en el tiempo, sabía que esa despedida era para siempre. Ninguno de ellos podría estar esperándome en mi próxima estación, porque necesariamente iban a morir. Tú has sido el único capaz de esperarme para darme la bienvenida después de cientos de años. Te aseguro que la sensación que tuve en nuestro reencuentro fue maravillosa y lamento no haberme citado contigo en las etapas anteriores de mi viaje, pero a partir de ahora quisiera reencontrarme contigo cada vez que avance hacia el futuro. Ahora tengo que irme.
- ¿Hacia donde vas?
- La pregunta que me debes hacer no es ¿hacia dónde? sino ¿hacia cuando? Esta vez nuestro reencuentro no tardará tanto. No tengo más remedio que avanzar en el tiempo, pero volveré aquí dentro de treinta años, ya que estoy interesado por saber como evoluciona la vida de Jesús.
- Me gustaría viajar contigo.
- Me encantaría que me acompañases, pero creo que tu presencia junto a Jesús y Tomás será muy conveniente para ayudarlos a preparar el mensaje de salvación, pero te prometo que te llevaré conmigo cuando vuelva dentro de treinta años.
- ¿Cómo podré saber que has llegado?
- Estate atento a la Luna llena, porque mi nave aparecerá junto a ella. Cuando veas la luz de mi nave, enciende una fogata como hiciste en Jerusalén y ocúltala de forma intermitente para que yo pueda saber donde estás.
Eloy desapareció emprendiendo un viaje que para él iba a ser de sólo unos segundos, pero que para Melchor iba a durar treinta años. Al volver, Melchor le pidió que se presentase ante los hermanos de María y que les permitiese viajar con ellos en su nave para llevarlos a Galilea, donde estaba María con su marido y sus hijos.
Eloy accedió a lo que Melchor le pedía y, tras pasar unos días con todos ellos y presenciar el prodigioso éxito conseguido por Jesús en la boda de Caná, quedó convencido de que Jesús no iba a tener problemas en la difusión de su mensaje, y decidió seguir su viaje al futuro.
Melchor, que en ese día estaba ocupando el cuerpo de Tomás, le dio un abrazo a Juan para despedirse de los dos hermanos con los que tantos años había compartido. Volvió a ser el espíritu de aquel niño de once años cuyo cuerpo estaba atrapado en el hielo y le recordó, a Eloy, la promesa que le había hecho treinta años antes, y le pidió que lo llevase con él. Pero Eloy no estaba seguro de poder cumplirla.
- Varias veces has viajado conmigo en el espacio a pesar de que tú no tengas materia, pero no estoy seguro de que puedas realizar un viaje en el tiempo. Intentaremos saltar al año 70 para presenciar la resurrección de Jesús. Si no lo consigues, quiero que sepas que has sido mi mejor amigo y que nunca te olvidaré, y que espero que estemos juntos al llegar allí, ya sea porque me has acompañado o porque me hayas esperado.
Ante los ojos llorosos de Juan y Tomás, Eloy elevó su nave. El espíritu de Melchor estaba junto a él en el puesto de control. Cuando alcanzó la altura normalizada para iniciar su movimiento en el tiempo, desapareció poniendo rumbo a Jerusalén y en la época en la que él sabía que Jesús iba a morir y resucitar, es decir, cuarenta años más tarde. Pero Melchor no pudo ir con él. Su cuerpo inmaterial no pudo desplazarse en el tiempo.
Al llegar Eloy a Jerusalén, no solo no halló a su amigo, sino que se encontró con un espectáculo espeluznante. El Templo estaba destruido, la ciudad ardía en llamas y estaba sitiada por un bosque de cruces donde todos sus defensores estaban siendo ejecutados.
CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 16
- Y así terminaremos “La Historia de Eloy” –dijo Tomás.
- ¡Pero papá, esto es horrible! –dijo María indignada- ¿Cómo vamos dejar que el libro termine así? ¡Es que no podemos hacer un final feliz!
- Es que la realidad fue así. Me hubiera gustado que la historia de la humanidad, fuese como la historia paralela en que vivían Eloy y Carmen, pero no ha sido así. La historia está plagada de violencia y de maldad.
- Una vez me dijiste, que aunque los medios de comunicación nos presenten siempre las malas noticias, eso es precisamente lo que indica que lo normal sigue siendo lo bueno. Pero nosotros no somos un medio de comunicación, sino unos fabricantes de fantasías, y podríamos hacer que nuestra historia tuviese un final feliz.
- Recuerda lo que decíamos en la introducción. Esta historia eran las raíces de un árbol, y las otras dos historias de la trilogía eran el tronco y las ramas. Tal vez creas que ya conoces el árbol por completo, pero no es así. Para conocer por completo a un árbol o a un hombre, deberías conocer sus frutos. Está claro que, aunque pueda parecer una contradicción, esta trilogía no va a tener más remedio que tener cuatro libros. Estas historias van a tener que continuar. Será mejor que dejemos a los lectores con ganas de leer “El Cuarto Libro”, a ver si allí pueden encontrar un final feliz.
Tercera parte de la trilogía:
Los fantasmas del Tabor
De la colección: Historias de Tomás y María
sábado, 4 de diciembre de 2010
CAPÍTULO 15, EL NACIMIENTO DE JESÚS
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Al abandonar Jerusalén, Melchor estaba muy contento. Llevaba mucho tiempo esperado encontrar la luz que le señalaría el nacimiento del Mesías, según le había sido anunciado cuando él ocupaba el cuerpo de Moisés, y por fin la había visto. Juan y Tomás también estaban contentos porque habían podido ver a su hermana iluminada por la nave de Eloy. Hubiesen querido llevarse a María, pero todo había sido tan sorprendente, que no pudieron hacer otra cosa más que obedecer las órdenes que le daban desde la nave. Además, la nave sólo podía albergar a tres pasajeros, y María estaba ahora casada con José, del que esperaba un hijo, y no hubiese aceptado viajar sin su marido. Eloy nunca se presentó ante ellos, y no pensaron que la nave pudiese estar tripulada por un ser humano. Aquella misma noche volvieron a Babilonia, donde la nave los dejó y desapareció para volver a Nazaret en la época en que se suponía que María iba a dar a luz.
En aquel tiempo, salió un decreto de César Augusto para que se hiciera un censo del mundo entero. Todos debían ir a empadronarse a su ciudad. José que era de Belén, salió de Nazaret y subió desde Galilea a Judea, para empadronarse con su esposa que estaba en cinta.
Eloy, desde su nave, había estado siguiéndolos para protegerlos en caso necesario. En el camino, pararon a pasar la noche y se guarecieron en un redil donde en ese momento no había ovejas ya que estaban con su pastor en el campo. Cuando Eloy creía que ya se habrían dormido, vio salir a José. Al verlo salir del cobertizo llevando a dos niños en sus brazos y dando gracias a Dios, pensó que había llegado el momento de ayudarlos. Ya estaba anocheciendo y el pastor que guardaba su rebaño en aquel redil no iba a poder ayudarlos, porque era verano y lo normal en esta época era que los pastores pasasen la noche en el campo con sus rebaños. Eloy fue en busca de los pastores y, cuando los encontró, los iluminó con un potente rayo de luz blanca y proyectó su imagen sobre aquellos hombres que, sorprendidos, no entendían aquel extraño fenómeno.
־ ¿Qué es esto que la noche se vuelve en día?-exclamaron los pastores.
־ Cerca de aquí, en un pesebre, acaba de nacer el que será vuestro salvador. Necesita que vayáis a ayudarlo. Yo os guiaré con mi luz.
Eloy se elevó con su nave y proyectó un haz de luz sobre el cobertizo donde acababan de nacer los niños. Los pastores se encaminaron hacia el lugar señalado para prestarles su ayuda.
Los hermanos de María habían acampado en las afueras de Belén y al ver la luz Melchor, les dijo:
־ Esa es la señal que estábamos esperando.
Y se pusieron en camino hacia ella.
Al llegar los pastores con alimentos para los padres y pieles para arropar a los recién nacidos, María se alegró y dio gracias a Dios porque no la dejaba desamparada, pero la alegría fue mayor cuando llegaron sus hermanos, que aunque iban disfrazados de Gaspar y Baltasar, esta vez no pudieron evitar que los reconociese antes de que ellos le descubriesen su verdadera identidad. Al amanecer, y una vez que los pastores se hubieron marchado dispuestos a anunciar la buena nueva a todo el pueblo, Melchor les advirtió del peligro que corrían, ya que Belén era un pueblo pequeño y a Herodes, al que sin duda le habría llegado la noticia anunciada por los pastores, no le sería difícil seguir la pista de un recién nacido. Sin ningún esfuerzo, los convenció para que entrasen en la nave de Eloy, a quien ellos consideraban un ángel, y marchasen a reunirse con Joaquín y Ana. Poco después la guardia de Herodes llegaba al lugar del nacimiento dispuesta para apresar a toda la familia, pero por fortuna ya ninguno se encontraba allí. Juan y Tomás, que se habían ocultado en una cueva de las inmediaciones, pudieron contemplar toda la escena y al anochecer fueron recogidos por la nave de Eloy.
CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 15
María comentó a su padre:
- Me ha gustado este capítulo porque desvelamos la identidad del misterioso ángel que anuncia a los pastores el nacimiento de Jesús.
- En realidad, no hemos desvelado su identidad, sino que nos hemos inventado otro.
- Es cierto, y éste es tan increíble como un ángel, ya que sabemos que viajar al pasado es imposible.
- Tienes razón, pero al igual que los lectores de la Biblia aceptan sin reparo el que en sus páginas aparezcan con bastante frecuencia los ángeles, los lectores de novelas también aceptan el que los hombres puedan viajar por el tiempo.
Al abandonar Jerusalén, Melchor estaba muy contento. Llevaba mucho tiempo esperado encontrar la luz que le señalaría el nacimiento del Mesías, según le había sido anunciado cuando él ocupaba el cuerpo de Moisés, y por fin la había visto. Juan y Tomás también estaban contentos porque habían podido ver a su hermana iluminada por la nave de Eloy. Hubiesen querido llevarse a María, pero todo había sido tan sorprendente, que no pudieron hacer otra cosa más que obedecer las órdenes que le daban desde la nave. Además, la nave sólo podía albergar a tres pasajeros, y María estaba ahora casada con José, del que esperaba un hijo, y no hubiese aceptado viajar sin su marido. Eloy nunca se presentó ante ellos, y no pensaron que la nave pudiese estar tripulada por un ser humano. Aquella misma noche volvieron a Babilonia, donde la nave los dejó y desapareció para volver a Nazaret en la época en que se suponía que María iba a dar a luz.
En aquel tiempo, salió un decreto de César Augusto para que se hiciera un censo del mundo entero. Todos debían ir a empadronarse a su ciudad. José que era de Belén, salió de Nazaret y subió desde Galilea a Judea, para empadronarse con su esposa que estaba en cinta.
Eloy, desde su nave, había estado siguiéndolos para protegerlos en caso necesario. En el camino, pararon a pasar la noche y se guarecieron en un redil donde en ese momento no había ovejas ya que estaban con su pastor en el campo. Cuando Eloy creía que ya se habrían dormido, vio salir a José. Al verlo salir del cobertizo llevando a dos niños en sus brazos y dando gracias a Dios, pensó que había llegado el momento de ayudarlos. Ya estaba anocheciendo y el pastor que guardaba su rebaño en aquel redil no iba a poder ayudarlos, porque era verano y lo normal en esta época era que los pastores pasasen la noche en el campo con sus rebaños. Eloy fue en busca de los pastores y, cuando los encontró, los iluminó con un potente rayo de luz blanca y proyectó su imagen sobre aquellos hombres que, sorprendidos, no entendían aquel extraño fenómeno.
־ ¿Qué es esto que la noche se vuelve en día?-exclamaron los pastores.
־ Cerca de aquí, en un pesebre, acaba de nacer el que será vuestro salvador. Necesita que vayáis a ayudarlo. Yo os guiaré con mi luz.
Eloy se elevó con su nave y proyectó un haz de luz sobre el cobertizo donde acababan de nacer los niños. Los pastores se encaminaron hacia el lugar señalado para prestarles su ayuda.
Los hermanos de María habían acampado en las afueras de Belén y al ver la luz Melchor, les dijo:
־ Esa es la señal que estábamos esperando.
Y se pusieron en camino hacia ella.
Al llegar los pastores con alimentos para los padres y pieles para arropar a los recién nacidos, María se alegró y dio gracias a Dios porque no la dejaba desamparada, pero la alegría fue mayor cuando llegaron sus hermanos, que aunque iban disfrazados de Gaspar y Baltasar, esta vez no pudieron evitar que los reconociese antes de que ellos le descubriesen su verdadera identidad. Al amanecer, y una vez que los pastores se hubieron marchado dispuestos a anunciar la buena nueva a todo el pueblo, Melchor les advirtió del peligro que corrían, ya que Belén era un pueblo pequeño y a Herodes, al que sin duda le habría llegado la noticia anunciada por los pastores, no le sería difícil seguir la pista de un recién nacido. Sin ningún esfuerzo, los convenció para que entrasen en la nave de Eloy, a quien ellos consideraban un ángel, y marchasen a reunirse con Joaquín y Ana. Poco después la guardia de Herodes llegaba al lugar del nacimiento dispuesta para apresar a toda la familia, pero por fortuna ya ninguno se encontraba allí. Juan y Tomás, que se habían ocultado en una cueva de las inmediaciones, pudieron contemplar toda la escena y al anochecer fueron recogidos por la nave de Eloy.
CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 15
María comentó a su padre:
- Me ha gustado este capítulo porque desvelamos la identidad del misterioso ángel que anuncia a los pastores el nacimiento de Jesús.
- En realidad, no hemos desvelado su identidad, sino que nos hemos inventado otro.
- Es cierto, y éste es tan increíble como un ángel, ya que sabemos que viajar al pasado es imposible.
- Tienes razón, pero al igual que los lectores de la Biblia aceptan sin reparo el que en sus páginas aparezcan con bastante frecuencia los ángeles, los lectores de novelas también aceptan el que los hombres puedan viajar por el tiempo.
CAPÍTULO 14, EL ENCUENTRO CON GASPAR
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Era una noche absolutamente clara, no había una sola nube que pudiese ocultar las estrellas, pero la Luna llenaba de claridad la ciudad de Jerusalén, hasta el punto de hacer difícil la contemplación de cualquier otro astro. Sin embargo, había una fuerte luz azulada, que se interponía entre la Luna y la ciudad, y es que Eloy, como le había prometido a Moisés, había encendido un foco de luz para indicarle que había llegado el momento de su cita.
La ciudad estaba completamente dormida y las únicas luces que podían distinguirse desde la nave de Eloy eran los tímidos destellos de la luz de la Luna que se reflejaba en algún que otro charco pero, de pronto, una luz se encendió sobre la azotea de una de las casas cercanas al Templo. Eloy pensó que Moisés lo había visto y había encendido una fogata para indicarle su posición. Apagó el foco de su nave durante un par de segundos y luego lo volvió a encender, y repitió la secuencia de encendido y apagado tres veces más. Esperó un momento para ver si la hoguera de la azotea era una casualidad o si realmente había allí un interlocutor que deseaba ponerse en contacto con él. No tardó en obtener la respuesta a su interrogante. La luz de la azotea se apagó y encendió siguiendo la misma secuencia que él había realizado. Sin duda había allí alguien que deseaba establecer contacto, pero no estaba seguro de que fuese su amigo. Envolvió la nave en una nube blanca y se acercó lentamente hasta poder divisar a su interlocutor. Como Eloy se temía, no era Moisés el que estaba sobre la azotea. Allí había un par de hombres jóvenes, uno de ellos rubio y con barba y el otro de raza negra. Sentía curiosidad por conocer a aquellas personas que permanecían impertérritas ante su presencia, pero su objetivo era encontrar a Moisés y no quería distraerse atendiéndolos. Estaba a punto de marcharse cuando apareció junto a ellos la imagen de un joven impúber. Eloy consultó su base de datos y pudo comprobar que se trataba de Melchor, el mismo niño que había habitado en el cuerpo de Moisés. Entonces Eloy se posó sobre la azotea y los invitó a entrar en el Ave Fénix. Los dos jóvenes entraron en el habitáculo de pasajeros y Melchor apareció junto a Eloy en el puesto de mando, mientras la nave iniciaba, lentamente, la ascensión. De repente un nuevo personaje irrumpió en la escena. Una mujer salió a la azotea agitando los brazos tratando de llamar la atención de los ocupantes de la nave. Se había colocado delante de la hoguera y el contraluz hacía que fuera imposible identificarla. Entonces Eloy la iluminó con el foco de su nave y pudo oír como sus dos pasajeros gritaban jubilosos indicando que se trataba de su hermana María. Melchor le preguntó a Eloy si podrían viajar también esa mujer y su marido, pero sólo quedaba sitio para una persona. Melchor le dijo a Eloy que sería mejor volver a por ella en otra ocasión, porque estaba seguro de que ella no abandonaría a su marido. Y el Ave Fénix se elevó sobre el cielo de Jerusalén hasta desaparecer, rumbo a oriente.
CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 14
María comentó a su padre:
- ¿Por qué no han descendido para que María pudiese abrazar a sus hermanos?
- A mí me hubiese gustado que fuese así, pero recuerda que esa misma escena la escribimos en “La Historia de María” y en “La Historia de Melchor”. Aunque en cada una de las novelas se presente una visión distinta de la misma escena, según quien sea el personaje principal, las tres deben complementarse y, por supuesto, no deben contradecirse.
Era una noche absolutamente clara, no había una sola nube que pudiese ocultar las estrellas, pero la Luna llenaba de claridad la ciudad de Jerusalén, hasta el punto de hacer difícil la contemplación de cualquier otro astro. Sin embargo, había una fuerte luz azulada, que se interponía entre la Luna y la ciudad, y es que Eloy, como le había prometido a Moisés, había encendido un foco de luz para indicarle que había llegado el momento de su cita.
La ciudad estaba completamente dormida y las únicas luces que podían distinguirse desde la nave de Eloy eran los tímidos destellos de la luz de la Luna que se reflejaba en algún que otro charco pero, de pronto, una luz se encendió sobre la azotea de una de las casas cercanas al Templo. Eloy pensó que Moisés lo había visto y había encendido una fogata para indicarle su posición. Apagó el foco de su nave durante un par de segundos y luego lo volvió a encender, y repitió la secuencia de encendido y apagado tres veces más. Esperó un momento para ver si la hoguera de la azotea era una casualidad o si realmente había allí un interlocutor que deseaba ponerse en contacto con él. No tardó en obtener la respuesta a su interrogante. La luz de la azotea se apagó y encendió siguiendo la misma secuencia que él había realizado. Sin duda había allí alguien que deseaba establecer contacto, pero no estaba seguro de que fuese su amigo. Envolvió la nave en una nube blanca y se acercó lentamente hasta poder divisar a su interlocutor. Como Eloy se temía, no era Moisés el que estaba sobre la azotea. Allí había un par de hombres jóvenes, uno de ellos rubio y con barba y el otro de raza negra. Sentía curiosidad por conocer a aquellas personas que permanecían impertérritas ante su presencia, pero su objetivo era encontrar a Moisés y no quería distraerse atendiéndolos. Estaba a punto de marcharse cuando apareció junto a ellos la imagen de un joven impúber. Eloy consultó su base de datos y pudo comprobar que se trataba de Melchor, el mismo niño que había habitado en el cuerpo de Moisés. Entonces Eloy se posó sobre la azotea y los invitó a entrar en el Ave Fénix. Los dos jóvenes entraron en el habitáculo de pasajeros y Melchor apareció junto a Eloy en el puesto de mando, mientras la nave iniciaba, lentamente, la ascensión. De repente un nuevo personaje irrumpió en la escena. Una mujer salió a la azotea agitando los brazos tratando de llamar la atención de los ocupantes de la nave. Se había colocado delante de la hoguera y el contraluz hacía que fuera imposible identificarla. Entonces Eloy la iluminó con el foco de su nave y pudo oír como sus dos pasajeros gritaban jubilosos indicando que se trataba de su hermana María. Melchor le preguntó a Eloy si podrían viajar también esa mujer y su marido, pero sólo quedaba sitio para una persona. Melchor le dijo a Eloy que sería mejor volver a por ella en otra ocasión, porque estaba seguro de que ella no abandonaría a su marido. Y el Ave Fénix se elevó sobre el cielo de Jerusalén hasta desaparecer, rumbo a oriente.
CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 14
María comentó a su padre:
- ¿Por qué no han descendido para que María pudiese abrazar a sus hermanos?
- A mí me hubiese gustado que fuese así, pero recuerda que esa misma escena la escribimos en “La Historia de María” y en “La Historia de Melchor”. Aunque en cada una de las novelas se presente una visión distinta de la misma escena, según quien sea el personaje principal, las tres deben complementarse y, por supuesto, no deben contradecirse.
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