Tercera parte de la trilogía:

Los fantasmas del Tabor

De la colección: Historias de Tomás y María

sábado, 4 de diciembre de 2010

CAPÍTULO 16, VIAJE AL AÑO TREINTA

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El reencuentro de la familia en Babilonia, tras el nacimiento de Jesús y Tomás, los llenó a todos de felicidad. Eloy estaba satisfecho por haber podido contribuir a salvar la vida de Jesús, que había estado a punto de terminar, a manos de Herodes, poco después de su nacimiento. Tras llevarlos a Babilonia, se despidió de Melchor, que era el único que sabía que la nave estaba tripulada, y al que Eloy prefería llamar Moisés porque fue a Moisés al que él conoció y del que se hizo amigo.

- Moisés, querido amigo, Abraham y algunos de sus descendientes también fueron amigos míos, pero cuando me despedía de ellos para dar un gran salto en el tiempo, sabía que esa despedida era para siempre. Ninguno de ellos podría estar esperándome en mi próxima estación, porque necesariamente iban a morir. Tú has sido el único capaz de esperarme para darme la bienvenida después de cientos de años. Te aseguro que la sensación que tuve en nuestro reencuentro fue maravillosa y lamento no haberme citado contigo en las etapas anteriores de mi viaje, pero a partir de ahora quisiera reencontrarme contigo cada vez que avance hacia el futuro. Ahora tengo que irme.

- ¿Hacia donde vas?

- La pregunta que me debes hacer no es ¿hacia dónde? sino ¿hacia cuando? Esta vez nuestro reencuentro no tardará tanto. No tengo más remedio que avanzar en el tiempo, pero volveré aquí dentro de treinta años, ya que estoy interesado por saber como evoluciona la vida de Jesús.

- Me gustaría viajar contigo.

- Me encantaría que me acompañases, pero creo que tu presencia junto a Jesús y Tomás será muy conveniente para ayudarlos a preparar el mensaje de salvación, pero te prometo que te llevaré conmigo cuando vuelva dentro de treinta años.

- ¿Cómo podré saber que has llegado?

- Estate atento a la Luna llena, porque mi nave aparecerá junto a ella. Cuando veas la luz de mi nave, enciende una fogata como hiciste en Jerusalén y ocúltala de forma intermitente para que yo pueda saber donde estás.

Eloy desapareció emprendiendo un viaje que para él iba a ser de sólo unos segundos, pero que para Melchor iba a durar treinta años. Al volver, Melchor le pidió que se presentase ante los hermanos de María y que les permitiese viajar con ellos en su nave para llevarlos a Galilea, donde estaba María con su marido y sus hijos.

Eloy accedió a lo que Melchor le pedía y, tras pasar unos días con todos ellos y presenciar el prodigioso éxito conseguido por Jesús en la boda de Caná, quedó convencido de que Jesús no iba a tener problemas en la difusión de su mensaje, y decidió seguir su viaje al futuro.

Melchor, que en ese día estaba ocupando el cuerpo de Tomás, le dio un abrazo a Juan para despedirse de los dos hermanos con los que tantos años había compartido. Volvió a ser el espíritu de aquel niño de once años cuyo cuerpo estaba atrapado en el hielo y le recordó, a Eloy, la promesa que le había hecho treinta años antes, y le pidió que lo llevase con él. Pero Eloy no estaba seguro de poder cumplirla.

- Varias veces has viajado conmigo en el espacio a pesar de que tú no tengas materia, pero no estoy seguro de que puedas realizar un viaje en el tiempo. Intentaremos saltar al año 70 para presenciar la resurrección de Jesús. Si no lo consigues, quiero que sepas que has sido mi mejor amigo y que nunca te olvidaré, y que espero que estemos juntos al llegar allí, ya sea porque me has acompañado o porque me hayas esperado.

Ante los ojos llorosos de Juan y Tomás, Eloy elevó su nave. El espíritu de Melchor estaba junto a él en el puesto de control. Cuando alcanzó la altura normalizada para iniciar su movimiento en el tiempo, desapareció poniendo rumbo a Jerusalén y en la época en la que él sabía que Jesús iba a morir y resucitar, es decir, cuarenta años más tarde. Pero Melchor no pudo ir con él. Su cuerpo inmaterial no pudo desplazarse en el tiempo.

Al llegar Eloy a Jerusalén, no solo no halló a su amigo, sino que se encontró con un espectáculo espeluznante. El Templo estaba destruido, la ciudad ardía en llamas y estaba sitiada por un bosque de cruces donde todos sus defensores estaban siendo ejecutados.




CÓMO SE HIZO LA NOVELA

LA HISTORIA DE ELOY

CAPÍTULO 16

- Y así terminaremos “La Historia de Eloy” –dijo Tomás.

- ¡Pero papá, esto es horrible! –dijo María indignada- ¿Cómo vamos dejar que el libro termine así? ¡Es que no podemos hacer un final feliz!

- Es que la realidad fue así. Me hubiera gustado que la historia de la humanidad, fuese como la historia paralela en que vivían Eloy y Carmen, pero no ha sido así. La historia está plagada de violencia y de maldad.

- Una vez me dijiste, que aunque los medios de comunicación nos presenten siempre las malas noticias, eso es precisamente lo que indica que lo normal sigue siendo lo bueno. Pero nosotros no somos un medio de comunicación, sino unos fabricantes de fantasías, y podríamos hacer que nuestra historia tuviese un final feliz.

- Recuerda lo que decíamos en la introducción. Esta historia eran las raíces de un árbol, y las otras dos historias de la trilogía eran el tronco y las ramas. Tal vez creas que ya conoces el árbol por completo, pero no es así. Para conocer por completo a un árbol o a un hombre, deberías conocer sus frutos. Está claro que, aunque pueda parecer una contradicción, esta trilogía no va a tener más remedio que tener cuatro libros. Estas historias van a tener que continuar. Será mejor que dejemos a los lectores con ganas de leer “El Cuarto Libro”, a ver si allí pueden encontrar un final feliz.

CAPÍTULO 15, EL NACIMIENTO DE JESÚS

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Al abandonar Jerusalén, Melchor estaba muy contento. Llevaba mucho tiempo esperado encontrar la luz que le señalaría el nacimiento del Mesías, según le había sido anunciado cuando él ocupaba el cuerpo de Moisés, y por fin la había visto. Juan y Tomás también estaban contentos porque habían podido ver a su hermana iluminada por la nave de Eloy. Hubiesen querido llevarse a María, pero todo había sido tan sorprendente, que no pudieron hacer otra cosa más que obedecer las órdenes que le daban desde la nave. Además, la nave sólo podía albergar a tres pasajeros, y María estaba ahora casada con José, del que esperaba un hijo, y no hubiese aceptado viajar sin su marido. Eloy nunca se presentó ante ellos, y no pensaron que la nave pudiese estar tripulada por un ser humano. Aquella misma noche volvieron a Babilonia, donde la nave los dejó y desapareció para volver a Nazaret en la época en que se suponía que María iba a dar a luz.

En aquel tiempo, salió un decreto de César Augusto para que se hiciera un censo del mundo entero. Todos debían ir a empadronarse a su ciudad. José que era de Belén, salió de Nazaret y subió desde Galilea a Judea, para empadronarse con su esposa que estaba en cinta.

Eloy, desde su nave, había estado siguiéndolos para protegerlos en caso necesario. En el camino, pararon a pasar la noche y se guarecieron en un redil donde en ese momento no había ovejas ya que estaban con su pastor en el campo. Cuando Eloy creía que ya se habrían dormido, vio salir a José. Al verlo salir del cobertizo llevando a dos niños en sus brazos y dando gracias a Dios, pensó que había llegado el momento de ayudarlos. Ya estaba anocheciendo y el pastor que guardaba su rebaño en aquel redil no iba a poder ayudarlos, porque era verano y lo normal en esta época era que los pastores pasasen la noche en el campo con sus rebaños. Eloy fue en busca de los pastores y, cuando los encontró, los iluminó con un potente rayo de luz blanca y proyectó su imagen sobre aquellos hombres que, sorprendidos, no entendían aquel extraño fenómeno.

־ ¿Qué es esto que la noche se vuelve en día?-exclamaron los pastores.

־ Cerca de aquí, en un pesebre, acaba de nacer el que será vuestro salvador. Necesita que vayáis a ayudarlo. Yo os guiaré con mi luz.

Eloy se elevó con su nave y proyectó un haz de luz sobre el cobertizo donde acababan de nacer los niños. Los pastores se encaminaron hacia el lugar señalado para prestarles su ayuda.

Los hermanos de María habían acampado en las afueras de Belén y al ver la luz Melchor, les dijo:

־ Esa es la señal que estábamos esperando.

Y se pusieron en camino hacia ella.

Al llegar los pastores con alimentos para los padres y pieles para arropar a los recién nacidos, María se alegró y dio gracias a Dios porque no la dejaba desamparada, pero la alegría fue mayor cuando llegaron sus hermanos, que aunque iban disfrazados de Gaspar y Baltasar, esta vez no pudieron evitar que los reconociese antes de que ellos le descubriesen su verdadera identidad. Al amanecer, y una vez que los pastores se hubieron marchado dispuestos a anunciar la buena nueva a todo el pueblo, Melchor les advirtió del peligro que corrían, ya que Belén era un pueblo pequeño y a Herodes, al que sin duda le habría llegado la noticia anunciada por los pastores, no le sería difícil seguir la pista de un recién nacido. Sin ningún esfuerzo, los convenció para que entrasen en la nave de Eloy, a quien ellos consideraban un ángel, y marchasen a reunirse con Joaquín y Ana. Poco después la guardia de Herodes llegaba al lugar del nacimiento dispuesta para apresar a toda la familia, pero por fortuna ya ninguno se encontraba allí. Juan y Tomás, que se habían ocultado en una cueva de las inmediaciones, pudieron contemplar toda la escena y al anochecer fueron recogidos por la nave de Eloy.




CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 15


María comentó a su padre:

- Me ha gustado este capítulo porque desvelamos la identidad del misterioso ángel que anuncia a los pastores el nacimiento de Jesús.

- En realidad, no hemos desvelado su identidad, sino que nos hemos inventado otro.

- Es cierto, y éste es tan increíble como un ángel, ya que sabemos que viajar al pasado es imposible.

- Tienes razón, pero al igual que los lectores de la Biblia aceptan sin reparo el que en sus páginas aparezcan con bastante frecuencia los ángeles, los lectores de novelas también aceptan el que los hombres puedan viajar por el tiempo.

CAPÍTULO 14, EL ENCUENTRO CON GASPAR

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Era una noche absolutamente clara, no había una sola nube que pudiese ocultar las estrellas, pero la Luna llenaba de claridad la ciudad de Jerusalén, hasta el punto de hacer difícil la contemplación de cualquier otro astro. Sin embargo, había una fuerte luz azulada, que se interponía entre la Luna y la ciudad, y es que Eloy, como le había prometido a Moisés, había encendido un foco de luz para indicarle que había llegado el momento de su cita.

La ciudad estaba completamente dormida y las únicas luces que podían distinguirse desde la nave de Eloy eran los tímidos destellos de la luz de la Luna que se reflejaba en algún que otro charco pero, de pronto, una luz se encendió sobre la azotea de una de las casas cercanas al Templo. Eloy pensó que Moisés lo había visto y había encendido una fogata para indicarle su posición. Apagó el foco de su nave durante un par de segundos y luego lo volvió a encender, y repitió la secuencia de encendido y apagado tres veces más. Esperó un momento para ver si la hoguera de la azotea era una casualidad o si realmente había allí un interlocutor que deseaba ponerse en contacto con él. No tardó en obtener la respuesta a su interrogante. La luz de la azotea se apagó y encendió siguiendo la misma secuencia que él había realizado. Sin duda había allí alguien que deseaba establecer contacto, pero no estaba seguro de que fuese su amigo. Envolvió la nave en una nube blanca y se acercó lentamente hasta poder divisar a su interlocutor. Como Eloy se temía, no era Moisés el que estaba sobre la azotea. Allí había un par de hombres jóvenes, uno de ellos rubio y con barba y el otro de raza negra. Sentía curiosidad por conocer a aquellas personas que permanecían impertérritas ante su presencia, pero su objetivo era encontrar a Moisés y no quería distraerse atendiéndolos. Estaba a punto de marcharse cuando apareció junto a ellos la imagen de un joven impúber. Eloy consultó su base de datos y pudo comprobar que se trataba de Melchor, el mismo niño que había habitado en el cuerpo de Moisés. Entonces Eloy se posó sobre la azotea y los invitó a entrar en el Ave Fénix. Los dos jóvenes entraron en el habitáculo de pasajeros y Melchor apareció junto a Eloy en el puesto de mando, mientras la nave iniciaba, lentamente, la ascensión. De repente un nuevo personaje irrumpió en la escena. Una mujer salió a la azotea agitando los brazos tratando de llamar la atención de los ocupantes de la nave. Se había colocado delante de la hoguera y el contraluz hacía que fuera imposible identificarla. Entonces Eloy la iluminó con el foco de su nave y pudo oír como sus dos pasajeros gritaban jubilosos indicando que se trataba de su hermana María. Melchor le preguntó a Eloy si podrían viajar también esa mujer y su marido, pero sólo quedaba sitio para una persona. Melchor le dijo a Eloy que sería mejor volver a por ella en otra ocasión, porque estaba seguro de que ella no abandonaría a su marido. Y el Ave Fénix se elevó sobre el cielo de Jerusalén hasta desaparecer, rumbo a oriente.




CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 14


María comentó a su padre:

- ¿Por qué no han descendido para que María pudiese abrazar a sus hermanos?

- A mí me hubiese gustado que fuese así, pero recuerda que esa misma escena la escribimos en “La Historia de María” y en “La Historia de Melchor”. Aunque en cada una de las novelas se presente una visión distinta de la misma escena, según quien sea el personaje principal, las tres deben complementarse y, por supuesto, no deben contradecirse.

domingo, 28 de noviembre de 2010

CAPÍTULO 13, ELOY Y LA ANUNCIACIÓN

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Después de despedirse de Eliseo, Eloy viajó hasta la época en que debía nacer Jesús, en el reinado de Herodes el Grande. No le iba a ser fácil encontrar a María, la humilde esposa de un carpintero, y pensó hacerlo de una forma indirecta, encontrando a su prima Isabel, que estaba casada con Zacarías, un sacerdote del Templo de Jerusalén. No le fue difícil localizar a Zacarías. Cuando lo encontró estaba oficiando una ceremonia en el Templo. Eloy no creía conveniente aparecer ante todos, pero en un momento en que Zacarías se separó de los demás asistentes para ofrecer incienso en el interior del santuario del Señor, se hizo visible ante él. Zacarías, al verlo, se turbó y empezó a temblar de miedo. Pensaba que Dios lo iba a castigar por haber ayudado a escapar a los que mataron al sumo sacerdote. Cuando Eloy intentó hablar con él, Zacarías le pidió que no lo castigase y se desmayó. Viendo que pasaba el tiempo y no salía del santuario, entró un sacerdote y logró reanimarlo, pero se había quedado sin habla.

Eloy siguió a Zacarías hasta su casa y allí se apareció a Isabel.

- No temas Isabel. Tu esposo cree que Dios me ha enviado para castigarlo, pero yo sólo quiero que me ayudes a encontrar a tu prima María.

Isabel no confiaba en aquel ser, y temía que quisiese encontrarla para entregarla a sus perseguidores.

- Si fueses un ángel del Señor no tendrías que preguntarme. Tú eres un demonio y trabajas para los que quieren encontrarla y matarla.

- Si fuese un demonio tampoco tendría que preguntarte. Dices que María está en peligro, y yo necesito ayudarla y proteger a su hijo.

- Mi prima no tiene ningún hijo, hizo un pacto con su marido para permanecer virgen hasta que se cumpliese un año de su matrimonio.

- Si sus enemigos la encuentran antes, su hijo no nacerá y el mensaje de salvación no llegará a los hombres. ¡Tengo que encontrarla!

Isabel estaba confusa y no sabía que pensar de aquel ser, pero el hecho de que conociese el mensaje de salvación, le hizo cambiar la actitud recelosa que inicialmente había tenido.

- Creo que tienes razón. Son sospechosos de haber matado al sumo sacerdote Zabulón y no van a parar de buscarlos. La encontrarás en Galilea, en una ciudad llamada Nazaret. Vive en la carpintería de su marido, no te será difícil encontrarla. Diles que vuelvan a Jerusalén para esconderse en mi casa.

Siguiendo las indicaciones de Isabel, Eloy encontró la casa de María. Era el mediodía de una luminosa mañana de otoño, el cielo estaba completamente azul y el Sol entraba por la ventana de la habitación donde se encontraba María. Ella estaba cocinando y esperando la llegada de José, que había salido a conseguir madera para su carpintería. Eloy se hizo visible ante María y le dijo: “No temas María”. Entonces María preguntó a aquel ser extraño si era por ventura un ángel del Señor, a lo que éste respondió:

- En efecto, soy un ángel del Señor, y he venido a anunciarte que el próximo verano darás a luz un hijo al que llamarás Jesús, que quiere decir: “Yahvé es salvación”, porque él será el que comunique a los hombres el mensaje de salvación y felicidad que el espíritu de Dios ha puesto en ti.

- ¿Cómo será eso posible si no he conocido a ningún varón?

- No te preocupes por ello, porque el espíritu de Dios estará siempre contigo y hará que se cumpla lo que te he anunciado.

El ángel desapareció, pero la nube siguió sobre su casa, y aún no había salido María de su asombro cuando llegó a casa José. María, llena de júbilo y gozo le comunicó la noticia a José.

- ¡Voy a tener un hijo!

José, que estaba profundamente enamorado de María y creía que ella sentía lo mismo hacia él, se llenó de estupor y tristeza ya que según el acuerdo contraído por ambos el día de su boda, había respetado su virginidad y pensaba seguir haciéndolo hasta que se cumpliese el convenido plazo de un año.

- ¿Cómo es posible que me hayas traicionado?

- Yo no te he traicionado, pero sé que voy a tener un hijo, porque un ángel del señor ha venido y me ha anunciado que el espíritu de Dios lo hará posible.

- ¿Dices que un ángel ha venido a visitarte?

- Sí, acaba de marcharse

- ¿Tenía aspecto de hombre?

- Si pero..

- ¿Estás segura de que no te ha narcotizado y abusado de ti?

- Yo...

En esto volvió a oírse la voz, que había anunciado a María el nacimiento de su hijo.

- No temas José, María siempre te ha sido fiel, pero la palabra de Dios ha de venir al mundo y ser conocida por los hombres, y es su voluntad que nazca ese niño para anunciarla.

- Perdóname María por haber dudado de ti –dijo José.

- No hay nada que perdonar, ya que he sido yo la que, con la emoción, me he precipitado al anunciarte la buena nueva sin haberte explicado, antes, cómo había llegado a mi conocimiento.

- Entiendo que lo que Dios nos quiere decir con el envío del ángel, es que debemos intentar cumplir su voluntad y que eso debe estar por encima de cualquier compromiso previo que nosotros hubiésemos podido establecer.

El ángel volvió a hablar y dijo:

- Ésa es la voluntad de Dios, y también lo es que volváis a Judea, porque Isabel, la que todos creían estéril, está embarazada de seis meses y necesita vuestra ayuda.

- Pero en Judea estaríamos en peligro -dijo José.

- Es cierto que estáis en peligro, sospechan que mataste a Zabulón y no tardarán en encontrarte. Estaréis más seguros escondidos en casa de Zacarías.

- Haremos la voluntad de Dios.-Dijeron José y María al unísono.

Sin que ellos lo supieran, Eloy los siguió en su camino hacia Judea, para protegerlos si surgía algún peligro.



CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 13


María comentó a su padre:

- ¿Has inventado este capítulo o lo has copiado de la Biblia?

- Como pasa en otros capítulos, Hay mucho inventado por mí, pero sobre una base de la Biblia. En este caso el evangelio de Lucas, capítulo 1 versículos 5 al 25 “La anunciación del nacimiento del Bautista” donde se menciona “el poder de Elías” en el versículo 17, y ya que Eías aparece en este relato, me parece adecuado el que este relato aparezca en nuestro libro. En el mismo capítulo, los versículos 26 al 38, nos narran “La anunciación del nacimiento de Jesús”, que también está en el de Mateo en los versículos 18 al 25 de primer capítulo.

- Verdaderamente es misteriosa la versión de ambos evangelistas sobre la anunciación, del nacimiento de Jesús, pero hay algo que me ha llamado la atención en la anunciación del nacimiento del Bautista y que me gustaría comentarte. Se trata del versículo 15, que dice: “Porque será grande a los ojos del Señor; jamás beberá vino ni bebida embriagante; estará lleno de espíritu santo desde el seno de su madre”

- ¿Qué es exactamente lo que te llama la atención?-preguntó Tomás.

- Me llama la atención el que Juan no vaya a beber vino y que eso vaya a ser una de sus mejores características. Porque Jesús que se supone que va a ser mejor que Juan, sí que lo bebe, y convierte el agua en vino, y en la última cena lo elige para convertirlo en su sangre, y por si esto fuera poco, anuncia que en el Cielo también lo beberá, como se dice en el versículo 29 del capítulo 26, de Mateo y en los evangelios de Marcos y Lucas –dijo María.

- Me parece un tema interesante, y para tratarlo creo que debemos hacerlo con la Biblia en la mano, es más con dos ediciones distintas por si hubiese algún matiz que variase entre ellas. Lo haremos empezando por el último evangelio que es el de Juan, que como sabes no es el Bautista, sino el más joven de los apóstoles.

- En este evangelio, al hablar de la última cena no se menciona el vino, ni hay una institución de la Eucaristía con pan y vino, como en los tres anteriores.

- Efectivamente, y se supone que Juan habría leído los tres anteriores.

- Lucas y Marcos hablan de “el fruto de la vid” en una versión o “el producto de la vid” en la otra. Sabemos que entre los productos que se pueden sacar de la vid, están el mosto, el vino, el vinagre o el alcohol destilado, pero por antonomasia, el producto de la vid es el vino –dijo María.

- Pero Lucas y Marcos no estuvieron presentes en la última cena, y es lógico que diesen por sobreentendido que en ella estuviesen bebiendo vino, porque eso sería lo más normal. En cambio Mateo, que sí estuvo presente, dice “este producto de la vid”, por lo que podríamos pensar que no estaban bebiendo vino, sino otro producto, que naturalmente no iba a ser vinagre ni alcohol destilado, así que probablemente estuviesen bebiendo mosto. Es más, en el versículo 29 del capítulo 26, una de las versiones dice simplemente “hasta el día en que lo beba con vosotros en el reino de mi Padre.” Pero la otra matiza, “hasta el día en que beba con vosotros vino nuevo en el reino de mi Padre.”

- Tal vez al decir vino nuevo se esté refiriendo a un vino que aún no ha fermentado y que por lo tanto no tiene alcohol y no es una bebida embriagante.

Es posible, pero ya volveremos sobre este tema en otra ocasión –concluyó Tomás.

CAPÍTULO 12, ELÍAS

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Avanzó Eloy cien años y se encontró con que, a la muerte de Salomón se había dividido el reino, quedando Jerusalén en el reino de Judá, donde habitaban las tribus de Judá y Benjamín, y el resto estaba en los territorios del norte, donde reinaba el rey Ajab. Era el año 874 antes de Cristo, y Eloy pensaba que todos los esfuerzos que había hecho a favor de los israelitas habían sido en balde, no sólo porque el reino de Salomón se hubiese dividido, sino porque su religión estaba a punto de perderse debido a que Jezabel, la esposa del rey Ajab, adoraba a otros dioses y estaba favoreciendo a sus sacerdotes, con lo que el pueblo se estaba desviando de la ley de Moisés.

Eloy estaba cansado de deambular por la historia de aquel pueblo, intentando ayudarlo y replanteándose constantemente la eficacia de sus actuaciones. Sufría pesadillas donde las opiniones de Carmen machacaban su conciencia como un martillo que golpea el yunque en la fragua. Echaba de menos a Moisés, es decir a Melchor, ya que era la única persona, aparte de Carmen, que conocía su secreto, y sentía la necesidad de ser sincero para encontrar un poco de paz en su camino. Estaba decidido a fijar las coordenadas de su nave para viajar al tiempo en que iba a nacer Jesús y encontrarse allí con su único amigo, según acordaron cuando se despidieron en el desierto del Sinaí, pero recapacitó y se dio cuenta de que las circunstancias por las que atravesaba el pueblo de Israel eran tan desastrosas, que los israelitas posiblemente desaparecerían antes de que pasasen los casi novecientos años que quedaban para llegar al momento en que se había citado con Moisés, y que posiblemente no nacería Jesús. Entonces decidió que tenía que volver a ayudar a los israelitas, pero esta vez no iba a hacerlo de una forma puntual, sino que debía integrarse con ellos de una forma patente, hasta el punto de pasar a formar parte de su historia, como hizo Melchor al convertirse en Moisés. El problema era que él no podía convertirse en un niño recién nacido, sino que tendría que irrumpir en la historia de aquel pueblo de una forma brusca, sin poder justificar nada sobre su pasado, ni su familia, ni siquiera sobre su tribu, por lo que le iba a ser muy difícil presentarse como un profeta, sin poder demostrar que era uno de ellos. Afortunadamente contaba con dos grandes ventajas: las armas de su nave y el haber estado allí antes, por lo que conocía que iban a padecer una gran sequía. No podía presentarse con el nombre de Eloy, porque el sonido de su nombre era casi igual que la exclamación Elohim que significa Dios mío y no podía pedirles que le llamasen Dios mío, así como Abram y Sarai, cambiaron sus nombres por los de Abrahán y Sara, él se hizo llamar Elías, que quiere decir “Yahvé es mi Dios”.

Se presentó ante el pueblo anunciándoles una gran sequía, y que esa era la forma en que Dios los castigaba por sus pecados. Al ver el pueblo que se cumplían sus presagios sobre el clima, empezaron a respetarlo. Retó a los sacerdotes de Baal para que hicieran ofrendas a su dios en el monte Carmelo, nombre que le había dado Eloy al monte donde realizó muchos de sus prodigios, en honor a Carmen. El reto era el siguiente: Los sacerdotes de Baal colocarían sus ofrendas sobre un altar en el que se había colocado leña seca, y su dios debía hacer que cayera fuego del cielo, para quemar las ofrendas. Había nubes en el cielo y era posible que un rayo cayese en la montaña y precisamente en el altar, pero por más que los sacerdotes de Baal estuvieron cantando y bailando, no consiguieron que el fuego bajase del cielo. Después pidió Elías que colocasen sus ofrendas sobre leña mojada e hizo rodear el altar de una zanja llena de agua. Y les dijo a los sacerdotes de Baal:

- Invocad el nombre de vuestro dios, y yo invocaré el de Yahvéh. El dios que responda con fuego, ése es el verdadero Dios.

Y todo el pueblo estuvo de acuerdo con esa propuesta.

El Ave Fénix estaba oculta tras la imagen holográfica de una nube, y en su interior Eloy controlaba la situación esperando la puesta de Sol, ya que sabía que ese era el momento en que iba a comenzar a llover. Justo antes de que el Sol se pusiese, hizo que la imagen de Elías se arrodillase para orar, y poco después disparó su láser contra las ofrendas, consiguiendo que éstas se incendiasen al instante. Unos minutos más tarde comenzaba a llover. El pueblo, maravillado por el poder de Elías, se abalanzó sobre los sacerdotes de Baal y los mataron a todos. Elías había conseguido el respeto de los israelitas y estaba seguro de que, al igual que Moisés, iba a pasar a la historia como un gran profeta. Como quería ya viajar hasta la época en que iba a nacer Jesús, buscó a un hombre justo y sabio para que continuara su labor. Hizo que cambiase su nombre por el de Eliseo, que significa Dios es mi salud, y que empieza por las mismas letras que Elías para que quedase patente que era el seguidor de Elías, y después de trabajar juntos e instruirlo en lo que debía de hacer cuando él se fuera, se despidió de Eliseo y partió en su nave, que hizo aparecer ante Eliseo como un fulgurante carro de fuego.




CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 12


María comentó a su padre:

- Si Jesús era llamado “Hijo de David” y ya hemos hablado de este rey tan importante, ¿por qué no vamos directamente a la época de Jesús? ¿por qué nos detenemos en la época del rey Ajab? ¿qué importancia tiene este rey?

- El importante no es el rey sino Elías, que es el principal protagonista de nuestra novela y que precisamente aparece en este momento de la historia del pueblo hebreo. Concretamente en el capítulo 17 del primer libro de los Reyes. Fueron muchos los prodigios que obró Elías, y están narrados en la Biblia, al final del primer libro de los reyes y principio del segundo, pero de entre todos hemos destacado, aquí, el que hizo cuando sabía que la sequía estaba a punto de terminar. 1 Reyes 18 (21-40).

sábado, 27 de noviembre de 2010

CAPÍTULO 11, ELOY Y DAVID

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Saltó esta vez Eloy hasta un punto de la historia que estaba unos mil años antes del nacimiento de Jesucristo. Reinaba en Israel el rey Saúl, que había sido escogido por el profeta Samuel y con su astucia y valor había dado a su pueblo grandes victorias sobre sus enemigos vecinos. Los israelitas no conocían aún la técnica para la fabricación de armas de hierro, y las pocas que tenían se las habían comprado a los filisteos, pueblo vecino de Israel que habitaba en la zona de Gaza y que ambicionaba dominar todo el territorio. Astutamente, los filisteos se habían mantenido al margen de la guerra, preparando un poderoso ejército con carros y armas de hierro. Cuando Saúl hubo dominado a todos sus vecinos, los filisteos le declararon la guerra a los israelitas. El profeta Samuel veía que Israel estaba abocado a la derrota y consideraba esta desgracia como un castigo de Dios a Saúl. Samuel buscó a un hombre que estuviese alejado de la corrupción, que suele ir aparejada al poder, y encontró un joven pastor llamado David al que ungió como nuevo líder de su pueblo. Esta unción no significaba un automático cambio de rey, sino el simple conocimiento por parte de David de que, si Samuel estaba en lo cierto, Dios lo había elegido para reinar sobre su pueblo, lo cual daba a David una gran esperanza y reforzaba enormemente su fe, pero nada más.

Saúl y su ejército salieron al encuentro de los filisteos, pero al llegar al campo de batalla y comprobar los medios con que contaba el enemigo, se dio cuenta de que tenía muy pocas posibilidades de vencer. Él sabía por experiencia, que Dios le había ayudado en otras ocasiones y también esperaba poder contar con su auxilio en esta ocasión. Se puso a rezar, y pronto vio el resultado de sus plegarias. Un emisario de los filisteos, llegó al campamento con la siguiente propuesta: El mejor hombre de los israelitas, lucharía contra el mejor de los filisteos, y si era capaz de vencerlo, estos se retirarían y los dejarían en paz, pero si vencía el filisteo, los israelitas se rendirían y pondrían su ejército a las órdenes de los filisteos. Era una propuesta bastante desigual, pero mayor aún era la desigualdad que había entre ambos ejércitos. Saúl no tuvo más remedio que aceptarla para evitar la masacre de su ejército. Además, un combate entre dos hombres elevaba notablemente sus posibilidades de victoria, tanto que Saúl no podía entender cómo el rey de los filisteos había podido sentirse tan generoso en un momento en el que él incluso estaba considerando la posibilidad de una rendición incondicional. Sólo podía entenderlo como un milagro de su Dios. Pero sus esperanzas se vinieron abajo cuando vio salir, de entre las filas del enemigo, a un enorme gigante, perfectamente armado y acorazado de forma que una flecha no pudiese alcanzarlo. El gigante, que se llamaba Goliat, insultó a los israelitas y, burlándose de ellos, los retó a que eligiesen al hombre que debía medir sus fuerzas contra él al amanecer del día siguiente. Ninguno quería enfrentarse a tan poderoso enemigo. David, que ni siquiera era soldado, estaba en el campamento porque había ido a llevarles provisiones, y pidió enfrentarse al gigante. Saúl le ofreció su propia espada y todos los demás elementos que pudieran servirle para su defensa, pero David quiso enfrentarse a Goliat sin armadura ni escudo, con la sola ayuda de su cayado, su honda y unas piedras. Era evidente que David confiaba plenamente en su Dios y daba por seguro que podía contar con su ayuda. De hecho así fue, porque Eloy, que estaba presenciando la situación, no estaba dispuesto a quedarse como mero espectador en aquel desigual combate. Volvieron a su mente las palabras de Carmen recordándole los riesgos de sus intervenciones en la historia, pero esta vez no tenía tiempo para meditar. Pensó que si, aprovechando el momento en que David lanzase una piedra con su honda, derribaba a Goliat con un disparo de su láser, que lo dejase inconsciente, sería suficiente para que diesen como vencedor a David.

Goliat se burlaba de David al verlo con su cayado y su honda, y le decía: “¿Soy yo acaso un perro para que vengas a mí con un palo?” A lo que David le respondió:

- Tú vienes a mí con espada, pero yo voy hacia ti en nombre del Dios de los ejércitos, que te entregará en mis manos.

Entonces lanzó una piedra con su honda. En ese momento Eloy disparó su rayo contra la frente de Goliat y lo derribó dejándolo sin sentido. Pensaba Eloy que con esto terminaría el combate, pero David tomó la espada de Goliat y le cortó con ella la cabeza.

Aquella noche Eloy soñó con Carmen, que le recriminaba su actuación a favor de David. Eloy pensaba que se estaba volviendo loco y que sufría alucinaciones, porque no estaba seguro de si estaba despierto o dormido mientras hablaba con ella.

- Has vuelto a matar a un hombre inocente.

- Yo sólo lo dejé inconsciente.

- Pero gracias a ello, un muchacho sin ningún tipo de preparación militar ha matado a un soldado perfectamente preparado para combatir, y con ello ha ganado una batalla. ¿Te parece justo?

- Ha muerto un hombre pero se han salvado las vidas de todos los que hubiesen muerto en la batalla.

- ¿Crees de verdad que Saúl se hubiese enfrentado a una muerte segura? Yo estoy segura de que se habría rendido y no habría muerto nadie.

- Yo quería evitar que el pueblo de Israel fuese esclavizado por los filisteos.

- Pero ahora este joven inexperto querrá ser el rey, y si lo consigue, no creo que sus actuaciones vayan a ser muy beneficiosas para su pueblo.

Eloy quiso salir de dudas y avanzó cincuenta años para ver lo que había sucedido. Se enteró que David y Saúl habían sido enemigos, y que David se había convertido en un guerrero sanguinario, que había huido y se había puesto al servicio de los filisteos. El remordimiento de Eloy por haber ayudado a David, llegó al máximo cuando supo que durante ese tiempo, cada vez que David atacaba un poblado enemigo de los filisteos, saqueaba sus tierras y mataba a todos sus habitantes. Finalmente, supo que David llegó a ser rey de Israel y que fue un hombre caprichoso y sin escrúpulos que, a pesar de tener todas las mujeres que quería, propició la muerte de uno de sus generales para quitarle la esposa. Entonces Eloy, para intentar reparar las consecuencias de su actuación a favor de David, se apareció en secreto a Salomón, el hijo de David, que reinaba entonces, y le ayudó a ser un rey sabio y justo.


CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 11


María comentó a su padre:

- Me ha parecido una historia interesante, pero no veo por qué ha tenido Eloy que pasar por ese punto. ¿Por qué no ha viajado directamente al momento en que nace Jesús?

- Como ya te dije cuando hablamos de Josué, estamos haciendo que las paradas de Eloy coincidan con personajes de gran relieve en la historia Israel, y no cabe duda de que David es uno de ellos. Aparece por primera vez en el capítulo 16 del primer libro de Samuel, que desde ese momento se dedica a hablarnos de David, al que también está dedicado el segundo libro de Samuel. Por supuesto se habla de él en el libro de las Crónicas, desde el capítulo 10 hasta el 29, que es el último. Y se le cita en otras partes de la Biblia, pero en relación con Jesús, el evangelio de Mateo se inicia con la relación de antepasados de Jesús, y lo primero que se dice es: “Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Y en el capítulo 21, donde se narra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, el versículo 9 dice que la gente gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David!” Creo que está justificado el que nosotros le dediquemos un capítulo, aunque no haya sido para alabarlo sino más bien para criticar su extrema violencia, pero es que todo lo que hemos dicho en este capítulo, salvo, claro está, la intervención de Eloy, está tomado de la Biblia. Si quieres comprobarlo puedes ir al libro primero de Samuel, donde en el capítulo 17, versículos 38 al 54 se narra el combate entre David y Goliat. Y en el capítulo 27, el versículo 9 comienza diciendo: “David saqueaba estas tierras, sin dejar con vida ni a hombres ni a mujeres”


CAPÍTULO 10, ELOY Y JOSUÉ

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Tras abandonar a Moisés en el desierto, el pueblo de Israel inició la marcha hacia la tierra prometida, pero se encontraron con un obstáculo natural insalvable, el río Jordán. Era verano y el río no bajaba muy crecido, pero habían pasado cuarenta años desde que salieron de Egipto, y los israelitas, liderados por Josué, habían nacido en el desierto y, por lo tanto, no sabían nadar. Eloy decidió ayudarlos y voló con su nave río arriba, hasta encontrar una estrecha garganta. Disparó su rayo láser sobre las paredes de la garganta y consiguió derribar parte de ellas y taponarla. No era una presa muy alta pero iba a permitir retener las aguas el tiempo suficiente para que Josué pudiese cruzar el río con su pueblo.

Todos estaban convencidos de que Dios había intervenido para ayudarlos, secando las aguas del Jordán como antes había secado las del mar Rojo, y que iba a seguir haciéndolo. La primera ciudad que encontraron a su paso, fue la de Jericó. Josué envió dos espías para que le informasen sobre las posibilidades que tendrían en un ataque a la ciudad. Los espías se hospedaron en casa de una meretriz llamada Rajab. Uno de los clientes de Rajab avisó al rey de Jericó de la presencia de los espías. El rey, acompañado por varios hombres de su guardia, se presentó en la casa de Rajab y le dijo:

- Entrégame a los dos hombres que se alojan en tu casa, pues son espías de Israel.

Pero Rajab, que había sido informada, por aquellos hombres, de los prodigios que Dios había obrado a favor del pueblo de Israel, estaba convencida de que Dios iba a seguir ayudándolos y que, por lo tanto, Jericó sucumbiría ante ellos. Así que escondió a los espías en la azotea bajo unos haces de lino, y dijo al rey:

- Es cierto que dos extranjeros han llegado a mi casa, pero yo no sabía que eran nuestros enemigos. Ya no están aquí, se marcharon poco antes del anochecer, cuando vieron que se iban a cerrar las puertas de la ciudad. Daos prisa en perseguirlos y seguramente los alcanzaréis.

El rey registró la casa pero no pudo encontrarlos, y entonces mandó varios hombres en su persecución.

Cuando el rey se fue, Rajab subió a la azotea y dijo a los espías:

- Sé que vuestro Dios os ayudará a conquistar Jericó y os voy a ayudar a escapar, pero a cambio quiero que me prometáis que respetaréis mi vida y la de mis padres y hermanos.

- Cuando entremos en la ciudad, enciérrate en tu casa con todos los tuyos y cuelga de la ventana un cordón escarlata. Esa será la señal para que mi pueblo os respete.

La casa de Rajab estaba adosada a la muralla y ella los ayudó a descolgarse con una cuerda. Pero los espías no estaban tan convencidos como Rajab de que fuesen a alcanzar la victoria, y cuando llegaron al campamento de Josué, le informaron de las robustas murallas y de lo bien armados que estaban sus hombres. Ante esta situación, Josué decidió no atacar a la ciudad y convencer a sus habitantes de que sólo estaban allí de paso.

Aunque los israelitas iban armados para poder repeler una posible agresión, no avanzaron hacia Jericó en formación de combare, sino como una pacífica columna que pretendía acampar en sus proximidades y conseguir la ayuda necesaria para continuar el camino. Pero los habitantes de Jericó no se fiaban de Josué y cerraron todas las puertas de la ciudad, que estaba fuertemente amurallada, y recibieron con una lluvia de flechas al grupo que Josué había mandado para parlamentar.

Josué podría haber seguido hacia la próxima ciudad, pero se exponía a un ataque por dos flancos cuando estuviese entre ambas ciudades.

Eloy decidió ayudarlos y dijo a Josué:

- Que un grupo de tus hombres, provistos de cuernos de caza y trompetas, dé siete vueltas a la ciudad portando el Arca de la Alianza y haciendo sonar sus instrumentos.

Cuando se completó la séptima vuelta, Eloy, que ocultaba su nave tras una nube, usó sus armas para atacar la torre que defendía la entrada principal de la ciudad. Había prometido no matar a nadie ni tampoco salvar ninguna vida, y por supuesto había faltado a su promesa en lo relativo a la segunda parte, pero aunque sabía que muchos habían muerto tras sus intervenciones, nunca había causado directamente la muerte de un ser humano y no estaba dispuesto a hacerlo, así que lanzó un rayo de luz sobre las almenas y luego fue incrementando la potencia a medida que iba haciéndolo descender por la torre, de forma que todos los que estaban sobre ella creyeron que se trataba de un terremoto y la abandonaron pensando que se iba a caer. Entonces Eloy aplicó la máxima potencia a sus armas ocasionando el derrumbe de la torre de una forma que a todos pareció milagrosa.

A la vista de tal prodigio, los habitantes de Jericó se rindieron a Josué y le propusieron proporcionarle todo lo necesario para continuar su marcha. Pero Josué, no podía avanzar dejando un enemigo a sus espaldas y, temiendo que fueran a atacarlo, declaró anatema contar ellos. Es decir que había que exterminarlos a todos y a todas sus pertenencias, excepto el oro la plata y otros metales, que pasarían al tesoro de Israel. Entró a saco en la ciudad y sólo respetó la vida de Rajab y sus familiares.

Eloy no pudo entender aquel comportamiento tan cruel, y decidió marcharse y no volverlos a ayudar, pero había gastado tanta energía parando al río Jordán y abriendo la brecha en la muralla de Jericó, que no le quedó más remedio que seguir con ellos hasta conseguir recargar de energía a su nave.

Los pobladores de las distintas ciudades de aquella región, enterados de que Josué poseía un arma capaz de derribar las murallas, decidieron unirse para superar en tres o cuatro veces su número de hombres y darle la batalla en campo abierto.

Cuando Josué se dio cuenta de que un gran ejército, al que no iba a poder vencer, lo estaba persiguiendo, ordenó a sus hombres que acampasen en la parte alta de la ladera este de una montaña cercana a la ciudad de Gabaón. De esa forma contaría con la ventaja de luchar contra un enemigo que llegaría al punto de combate cansado por la subida.

A la mañana siguiente Josué y su pueblo pudieron contemplar, aterrados, el enorme ejército que había acampado al pie de la montaña y estaba dispuesto para subir y aniquilarlos. Porque la ventaja numérica era aún mayor de la que habían supuesto cuando el día anterior divisaron la nube de polvo que levantaban a su paso.

Grandes nubarrones cubrían completamente el campo de batalla, pero al fondo, en el horizonte, el Sol apareció dejándose ver entre la tierra y las nubes, iluminando toda la escena con una luz misteriosa. Muchos israelitas pensaron que esa sería la última vez que verían salir el Sol, porque aunque su posición en el campo de batalla era ventajosa, en modo alguno podía compensar la gran diferencia numérica que jugaba a favor del enemigo.

Eloy estaba parado en la cima de la montaña. La energía de su nave no estaba completamente recargada, pero sus armas, aunque no tuviesen la potencia necesaria para derribar una muralla, si que eran ya capaces de abatir a cualquier ser humano. Contemplaba la situación y recordaba, una vez más, lo que le había prometido a Carmen en el momento de su despedida: “No debes matar a nadie ni tampoco salvar la vida de alguien, porque eso podría afectar de forma incontrolada a nuestro tiempo”. Evidentemente Eloy había incumplido su promesa en varias ocasiones, porque había salvado la vida de muchos israelitas, y aunque de una forma indirecta, también había contribuido a la muerte de muchos soldados egipcios, que se ahogaron en el mar Rojo. Pero ahora, si quería ayudar a Josué y a su pueblo, tendría que matar con sus armas y de una forma directa a los hombres que iban a subir por la ladera de la montaña, y no sólo iba a pesar sobre su conciencia el incumplimiento de una promesa, y la responsabilidad que sus actos iban a tener en los acontecimientos futuros. Ahora tenía que matar a unos hombres que estaban luchando por una causa justa, ya que trataban de defender su tierra contra unos invasores.

Para evitar el derramamiento de sangre, pensó que podría convencer a Josué para que se rindiese, pero desistió de ello al ver la respuesta que éste daba a algunos de los suyos que estaban proponiéndole lo mismo.

- El Señor nos ayudó a salir de Egipto. Muchos de vosotros no habíais nacido cuando se abrieron las aguas del mar Rojo para que pasásemos y luego se cerraron ahogando a nuestros enemigos, pero todos visteis secarse el río Jordán, para que entrásemos en la tierra prometida. Muchas veces el Señor nos ayudó en el desierto y como más reciente acto de ayuda divina, habéis podido presenciar el derrumbamiento de las murallas de Jericó. ¿Por qué pensáis que nos va a dejar abandonados en esta ocasión?

El Sol, al elevarse en el cielo, se había ocultado entre la espesa capa de nubes que impedía el paso de la luz hacia el campo de batalla, lo que hizo que el enemigo esperase a un momento más propicio para el ataque.

La espera era angustiosa y el retraso de la batalla no hacía más que aumentar la tensión, hasta el punto de que algunos pensaron que esa masa de nubes iba a ser también una barrera para los ojos de Dios, y que no podría ayudarlos desde el cielo. Pasado el mediodía, unos tenues rayos de Sol consiguieron atravesar las nubes e iluminar el campo de batalla, con lo que el enemigo decidió atacar, iniciando el avance hacia la ladera de la montaña. La conciencia de Eloy se debatía entre dos posiciones antagónicas sin poder encontrar una salida que no le repugnase. Los egipcios, que murieron ahogados, habían esclavizado a los israelitas, pero estos hombres a los que Eloy tendría que matar, estaban luchando por una causa justa. Por fin decidió que su postura no debía ser la de un juez que tiene que dar la razón a una de las dos partes en litigio, sino la de alguien que tiene que defender a los suyos, con los que se siente unido en el destino, y que por lo tanto va a actuar en defensa propia.

De repente un elemento inesperado apareció en la escena. Grandes relámpagos iluminaron el cielo y el atronador estruendo de la tormenta retumbó en los oídos de todos, como si en el cielo se librase una gran batalla entre ángeles y demonios, y los tambores arengasen a ambos contendientes para que empleasen toda su fuerza en el combate. Cuando el enemigo se encontraba a menos de cien metros de Josué, una tremenda granizada empezó caer sobre las tropas que subían. Los granizos eran como piedras que lapidaron al ejército enemigo que, desorganizado, bajaba por la ladera de la montaña viendo como caían sus hombres golpeados por un látigo de hielo que los azotaba desde el cielo, flagelándolos sin piedad.

La tormenta empezó a ceder, y Josué que estaba seguro de que la voluntad de Dios era aniquilar al enemigo, ordenó a sus hombres que se preparasen para perseguir a los supervivientes y no darles la oportunidad de reorganizarse. El Sol, que estaba a la espalda de los israelitas iluminando su objetivo, empezó a ocultarse tras la cima de la montaña. Josué, que veía esfumarse la oportunidad de rematar al enemigo, se hincó de rodillas, y colocando los brazos en cruz, pidió a Dios que parase el movimiento del Sol para poder acabar con sus enemigos. Todos conocían los prodigios que Dios había obrado a favor de Josué, pero esta vez estaban convencidos de que estaba pidiendo demasiado y que sus oraciones iban a ser inútiles. Eloy era aún más incrédulo, porque sabía que lo que Josué estaba pidiendo era que la Tierra dejase de girar y si eso pasase las aguas de los océanos hubiesen continuado moviéndose por la inercia y hubiesen arrasado toda la tierra firme. El Sol, se había ocultado tras la montaña y Eloy podría haber elevado su nave sobre el campo de batalla, para iluminarlo con sus potentes focos y así permitir a los israelitas dar caza a sus enemigos. Pero no fue capaz de elevarse. Los fuertes campos eléctricos a los que se vio sometida la nave durante la tormenta, habían averiado sus controles.

Esta vez no podría mover un dedo por ayudar a Josué. En el fondo, Eloy estaba contento por no poder ayudar a Josué después de haber visto el comportamiento tan cruel que había tenido con los habitantes de Jericó. Sin embargo ocurrió el milagro. El Sol, que se había ocultado tras la montaña, iluminó a las nubes y éstas reflejaron la luz sobre el campo de batalla, con lo que los israelitas dieron caza a sus enemigos y no dejaron un solo hombre con vida.

Eloy se convenció, de que Josué ya no necesitaba más ayuda, y se dispuso para dar otro salto en el tiempo.




CÓMO SE HIZO LA NOVELA
LA HISTORIA DE ELOY
CAPÍTULO 10


María comentó a su padre:

- Hemos hablado de Abraham, que es el padre de todos ellos, de Jacob, al que deben su nombre los israelitas, de José, que los llevó a Egipto, y de Moisés, que los sacó de la esclavitud y les dio la ley, pero ¿por qué Josué?¿Por qué tenemos que introducir la historia de Josué en nuestra novela?

- Porque supone un hito importante entre las personas que preceden a Jesús, ya que él colocó a los hebreos en la Tierra Prometida, que es donde Jesús nació.

- Pero para ello empleó la violencia y fue tremendamente cruel con sus enemigos.

- Verás, la Biblia se comenzó a escribir mucho después de que Josué viviese, entre 800 y 1000 años antes de Jesús, pero el libro de Josué está situado detrás del Deuteronomio y en éste se fija, por ley, lo que hay que hacer con los enemigos, en el capítulo 20 versículos10 al 20, y allí se dice que deberán matar a todos los varones, pero que en las ciudades de la Tierra Prometida “no dejarás con vida a ningún ser animado; sino que darás al anatema a esos pueblos”. Por lo tanto Josué se limita a cumplir la ley.

- ¿Qué significa la palabra “anatema”?

- Es una palabra que viene del griego y del latín y en esos idiomas significaba “ofrenda a Dios”, y es la traducción que se dio a la palabra hebrea “herem” que significa “partir”, pero no en el sentido de “marcharse” sino en el de “romper”.

- ¿Pero, qué significa en castellano?

- Significa “excomunión” o simplemente “maldición”, pero en el Antiguo Testamento significa “condena al exterminio de cualquier persona o cosa afectada por la maldición atribuida a Dios”

- De todas formas me parece que te has inventado demasiadas fantasías.

- Todo lo que hemos narrado esta tomado del libro de Josué: En el capítulo 2 habla de los espías y de sus peripecias con Rajab, la prostituta. En el 3 del paso del Jordán. En el 6 de la toma de Jericó, por cierto de una forma más fantasiosa que la nuestra, ya que se derriban todas las murallas de la ciudad. En el 7 de la violación del anatema, que conlleva la derrota de Israel, lo que justifica el afán de Josué por el cumplimiento estricto de la ley. Y en el 10 la victoria sobre los cinco reyes amorreos y el momento en que Josué para el Sol, versículos 12 al 14, que es el único momento en que Dios ha obedecido a la voz de un hombre, lo que da idea de la importancia de Josué y justifica el que lo hayamos puesto en nuestra novela.

- ¿Crees tú que Dios obedeció a Josué?

- Por supuesto que no. Para detener al Sol en el cielo habría que parar la rotación de la Tierra, y si esto se llegase a producir, por ejemplo por el impacto de un gigantesco meteorito, el agua de los océanos seguiría girando debido a la inercia, y esto haría que se inundase toda la tierra firme. Pero me gusta encontrar soluciones sencillas para los grandes misterios, y por eso he evitado la solución de iluminar el campo de batalla con las luces de la nave de Eloy, porque los viajes al pasado sólo son posibles en la ficción, y se supone que la Biblia está narrando algo que pasó en la realidad.